El otro día mi chico pequeño llevaba un papel con oraciones de misa (o cacharros de misa como oí una vez: "mi chico ya se sabe to los cacharros de misa"), las cuales iba autorecitándose con la sana intención de aprendérselas de memoria, porque esa es la faena que les marcan en la catequesis.
Recuerdo que a mi y a mis compañeros el tal don José Ramón nos lo hizo aprender a hostia limpia y eso sin contar los guantazos que extraescolármente nos repartían mosen Desiderio y mosen Francisco. En lo único que se han modernizao es en las formas, en vez de guantazos usan el también viejo sistema del "me lo copias tantas veces".
No me parece correcto pues, que estas cosas, que tan importantes son para la Santa Madre Iglesia tengan los niños que aprenderlas de carretilla, hay que explicarlas y hacer que el niño las comprenda. Si a un niño le explicas detenidamente por ejemplo, que Jesucristo fue engendrado, no creado de la misma naturaleza del Padre, el niño enseguida captará el concepto, son cosas sencillas, cotidianas y de fácil comprensión. Luego podéis invitarle a que analice por qué ha de creer también en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida que no solo procede del Padre y del Hijo, noooo..., por supuesto que no, además, con el padre y el hijo recibe una misma adoración y gloria porque no te lo pierdas, además habló por los profetas.
Para terminar amigos y amigas catequistas, yo os comprendo, y se que la última lección que cualificará definitivamente al niño para recibir este importantisimo sacramento debe ser impartida por un hombre con formación teológica, curtido en seminarios y blindado contra la concupiscencia. Este hombre es el Párroco y la lección la siguiente:
Ahora que ya comprendo todos estos misterios, ¿Por qué debo vestir de marinero?





